Comentarios recientes
Jul08Jose María Sánchez

La opinión pública y la opinión publicada

Pedro Fernández Barbadillo se pregunta en Periodista Digital: “¿Escriben los periodistas sobre lo que interesa a la gente?” Cuenta algunos ejemplos con que pretende argumentar su escasa confianza en la sintonía entre el discurso general de los medios y las preocupaciones del público. En un caso, cita una portada del Abc en que se destacaba como gran noticia (año 1999) la muerte accidental de un miembro de la saga Kennedy. En otro caso, un corresponsal en Estados Unidos traslada su sensación de extrañeza, al confesar que casi todas las informaciones que ofrece se ciñen a la contienda electoral (Obama, Clinton, McCain) y esconden problemas cotidianos del país, como el incremento de la delincuencia.

La anotación de Fernández Barbadillo resulta llamativa puesto que, en primer lugar, toca un asunto sobre el que merece la pena reflexionar. Aunque su enfoque quizá subraya demasiado la falta de relación entre el sentir del público y el enfoque de las noticias, no está de más reconocer que, al menos en parte, lleva razón. En este punto se pueden introducir algunas consideraciones. Por de pronto, pensemos si el periodista debe transmitir, básicamente, sus preocupaciones, o si, por el contrario, ha de olvidarse de ellas y centrar su trabajo en las demandas de los diversos sectores sociales.

Pedro Fernández critica el exceso protagonismo de las inquietudes del periodista dentro del discurso público. Pero, ¿cómo entender las demandas de cada sector social? ¿Escuchando a las asociaciones, empresas, partidos más decididos y preparados? Demos otra vuelta de tuerca. Si el periodista carece de criterio propio, el trabajo de la comunicación puede convertirse en una herramienta con que ciertos sectores “pro-activos” presentan a la sociedad su discurso, con la intención de que la sociedad lo acepte. De este modo, la opinión publicada deviene en una apariencia falsa del sentir ciudadano, puesto que sólo refleja el parecer de las asociaciones (empresas, partidos) más activas.

Jul08Jose María Sánchez

Rumores en el e-mail y de toda la vida

La semana pasada BolsaCinco publicó un artículo sobre bulos que circulan en Internet, centrándose sobre todo en los que hacen referencia a CocaCola. El artículo recoge un falso rumor que se fue reenviando por los correos electrónicos, según el cual el Presidente G. W. Bush tenía un cociente intelectual más bajo que todos sus predecesores en la Casa Blanca. A pesar de que Bush estudió en Yale y en Harvard (lo que no lo convierte ni en sabio ni en santo, por supuesto), el rumor fue admitido hasta tal extremo que lo publicó una agencia española de noticias.

El caso de CocaCola merece un desglose pormenorizado. De hecho, informa BolsaCinco, CocaCola ha abierto un espacio en Internet para anotar todas las “leyendas urbanas” sobre su famosa bebida, empezando por su supuesto uso como desatascador. La estrategia de la compañía de Atlanta consiste en salir al paso, no tener miedo a esas afirmaciones y refutarlas abiertamente. De esta manera, confía en anular el reconocimiento de cada rumor, para que, con el tiempo, pase a ser considerado como mera patraña. Algo similar se puede ver en la última campaña de publicidad: amas de casa que “reparten felicidad” y se ríen de lo que han oído acerca del microondas que provocan cáncer o la CocaCola que corroe los intestinos.

Alguna de las historias más llamativas sobre la CocaCola tiene cuño reciente. A raíz de los atentados islamistas más sangrientos, se empezó a contar la historia de un árabe que recibía un pequeño favor en un país occidental. Por ejemplo, un hombre con aspecto del Medio Oriente que se había dejado algo olvidado en un local y que, al regresar para recogerlo, los dueños lo han guardado y se lo devuelven gentilmente. En agradecimiento, el árabe les confía un secreto a esas personas: que no tomen el refresco negro embotellado a partir de una fecha determinada.

De esta manera, la empresa norteamericana demuestra un carácter activo en comunicación. Aunque suponga un esfuerzo añadido, y pueda requerir de la colaboración de agencias, una comunicación aseverativa permite reforzar la credibilidad, el liderazgo y la relación con clientes y proveedores. Queda por saber si las “leyendas positivas” van a quedar explicadas con detalle: ¿cuántas personas conocen la “fórmula secreta”?

May08Jose María Sánchez

El Ministerio de Sanidad recibe críticas por su gestión de crisis

La proliferación de medios y compañías de comunicación supone, grosso modo, una mayor democratización de la información. Como consecuencia, las empresas y los gobiernos pierden parte de su capacidad para gestionar su propia imagen. En este contexto, resulta más acuciante la necesidad de mejorar todos los procesos comunicativos y adoptar una actitud más activa, creativa, próxima, diligente.

El viernes 25 de abril, el Ministerio de Sanidad recomendaba no usar aceite de girasol. El Ministerio argüía que una partida de aceite ucraniano se encontraba contaminada, si bien se aseguraba que el aceite contaminado no constituía peligro para la salud. Al día siguiente, Bernat Soria declara: “Se está cerca de levantar la petición de no consumir aceite de girasol”. Una partida (2.600 toneladas) de aceite contaminado llega desde Ucrania a Francia. De Francia se remiten a España 125 toneladas, una cantidad pequeña en comparación con el consumo nacional de aceite de girasol (310.000 toneledas anuales). Sin embargo, la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición muestra sus dudas acerca de otras 7.000 toneladas.

A pesar de la supuesta inocuidad de este aceite contaminado, se han inducido algunas sospechas generalizadas sobre un producto del que dependen miles de agricultores, empresarios, comerciales, transportistas, vendedores, etc. Un producto que, debido a su bajo precio, concentra su consumo en las rentas bajas. Además, el aceite de girasol se emplea con profusión en hostelería, panadería y bollería indutrial, conservas, comidas preparadas y otros muchos alimentos.

Bernat Soria ha realizado afirmaciones contrapuestas en pocos días. Destaca su: “No existe ninguna botella tóxica y le invito a que me traiga la botella que quiera para que me la tome“. El Ministro ha recibido críticas bastante abiertas desde todos los sectores de la prensa. De hecho, Ignacio Escolar, director de Público, afirma: “la gestión de la comunicación por parte del Ministerio de Sanidad está siendo casi tan mala como cuando Villalobos y su caldito”. No introducimos aquí valoraciones sobre la gestión sanitaria (que quizá resultó correcta), sino únicamente sobre la forma de explicarla. Cabría achacar al Ministro de Sanidad la divergencia mostrada entre el mensaje inducido (sin pretenderlo, se generó una alarma desproporcionada) y la manera de informar. Como asegura un editorial de El País (5 de mayo): “El argumento de que no existía riesgo de toxicidad aguda a corto plazo, combinado con las dudas sobre el volumen del aceite adulterado, conducen a la suposición de que la Agencia de Seguridad Alimentaria gestionó el problema con muy poco rigor y poca atención a los detalles”.

Página: Anterior 1 2
Suscríbete GRATIS al Blog

Entérate antes que nadie de las últimas noticias de nuestro Blog.

Recibe nuestras noticias vía RSS

Recibe nuestras noticias
mediante RSS


Recibe nuestras noticias en tu correo

Si lo prefieres recibe las
noticias en tu correo


Archivo
Portocarrero & Asociados Nuestra misión es asesorar a los clientes para que alcancen sus objetivos y mejoren sus resultados de negocio, utilizando como herramienta la comunicación estratégica con los públicos y con el entorno en el que desarrollan su actividad.
Entérate antes que nadie
de las últimas noticias de nuestro blog.
Recibe nuestras noticias vía RSS

Recibe nuestras noticias
mediante RSS


Recibe nuestras noticias en tu correo

Si lo prefieres recibe las
noticias en tu correo


© 2009 Portocarrero & Asociados, S.L. - C/Víctor de la Serna, 15 1º - Tel.: (+34) 914 137 478 - E-mail: info@portocarrero.es