La opinión pública y la opinión publicada
Pedro Fernández Barbadillo se pregunta en Periodista Digital: “¿Escriben los periodistas sobre lo que interesa a la gente?” Cuenta algunos ejemplos con que pretende argumentar su escasa confianza en la sintonía entre el discurso general de los medios y las preocupaciones del público. En un caso, cita una portada del Abc en que se destacaba como gran noticia (año 1999) la muerte accidental de un miembro de la saga Kennedy. En otro caso, un corresponsal en Estados Unidos traslada su sensación de extrañeza, al confesar que casi todas las informaciones que ofrece se ciñen a la contienda electoral (Obama, Clinton, McCain) y esconden problemas cotidianos del país, como el incremento de la delincuencia.
La anotación de Fernández Barbadillo resulta llamativa puesto que, en primer lugar, toca un asunto sobre el que merece la pena reflexionar. Aunque su enfoque quizá subraya demasiado la falta de relación entre el sentir del público y el enfoque de las noticias, no está de más reconocer que, al menos en parte, lleva razón. En este punto se pueden introducir algunas consideraciones. Por de pronto, pensemos si el periodista debe transmitir, básicamente, sus preocupaciones, o si, por el contrario, ha de olvidarse de ellas y centrar su trabajo en las demandas de los diversos sectores sociales.
Pedro Fernández critica el exceso protagonismo de las inquietudes del periodista dentro del discurso público. Pero, ¿cómo entender las demandas de cada sector social? ¿Escuchando a las asociaciones, empresas, partidos más decididos y preparados? Demos otra vuelta de tuerca. Si el periodista carece de criterio propio, el trabajo de la comunicación puede convertirse en una herramienta con que ciertos sectores “pro-activos” presentan a la sociedad su discurso, con la intención de que la sociedad lo acepte. De este modo, la opinión publicada deviene en una apariencia falsa del sentir ciudadano, puesto que sólo refleja el parecer de las asociaciones (empresas, partidos) más activas.


