¿Cuestión de imagen?
Hoy leemos en El Confidencial que Isabel Pantoja y Julián Muñoz recurrieron a los servicios de Ceimagen- Comunicación e Imagen Consorciada SL, para lavar su imagen, antes de que salieran a la luz las hoy ya archiconocidas “actividades delictivas” (blanqueo de capitales), por las que el fiscal le pide tres años y medio de cárcel.
Al parecer, la tonadillera pretendía salvaguardar su honor, al precio que fuera necesario (en este caso, por 100.000 “eurillos” anuales), y conservar su buena reputación mediática. La mencionada compañía a la que acudió, y que se encuentra en Huelva, tenía como logro esencial “apoyar a Isabel Pantoja y Julián Muñoz a transmitir una buena imagen profesional y personal privada como pareja que son”.
Y cabe mencionar que Isabel Pantoja le puntualizó que quería:
× “Obtener que los medios de comunicación dejen de manchar su imagen y honra”.
× Que la empresa “le anticipase situaciones que puedan afectar o interesar a Isabel o Julián” (garantizándole un plus a la empresa siempre que consiguiera con éxito satisfacer estas peticiones de la interesada).
× Conseguir la vuelta a la política de Julián Muñoz en Marbella.
Pero, ¿qué es lo que ha sucedido para que esta noticia salga a la luz? Pues un culebrón digno de ser comentado durante más de 3 horas en el “Sálvame” del viernes (propongo): pues que La Pantoja dejó de pagar a la compañía, la compañía, consecuentemente, dejó de prestarle servicios según se incrementaba la deuda y… de paso…. se fueron conociendo las historias “sucias” que le rodean.
Sinceramente, creo que ni firmar un contrato con Dios Todopoderoso podría haber garantizado a esta pareja sus objetivos de imagen, máxime cuando está envuelta hasta las cejas en una trama que saldría a la luz antes o después. Porque en el mundo de la comunicación, la información y la imagen, salvo las mentirijillas piadosas (tipo retoques con el Photoshop), los asuntos transcendentales y que mueven miles de millones de euros, acaban saliendo a la luz, más bien antes que después.





