Me han sorprendido mucho las recientes declaraciones del presidente Obama diciendo que “luchará” contra los lobbies y que el sistema que ha funcionado hasta ahora defendía a los grupos de presión con contactos en Washington, pero que el va a defender “al pueblo americano”.
Creo que estas declaraciones, viniendo de un graduado en leyes por Harvard y senador durante tres años, pecan de demagogas y populistas, y son más propias de un Hugo Chávez que de un presidente del país que precisamente inventó y legisló el lobbismo.
Bien es sabido que el lobbismo consiste en las actividades que desarrollan los diferentes sectores y grupo de presión, por medio de distintas estrategias, para influir en centros de poder ejecutivo o legislativo con el fin de favorecer sus propios intereses.
¿Qué hay de malo que los lobbys de los sectores de la automoción, o la banca, los seguros, o incluso la industria pornográfica -como ha sucedido de hecho- defiendan sus intereses y traten de que el gobierno o el parlamento conozcan su situación, especialmente en estos momentos de crisis, y traten de obtener la mayor comprensión y ayuda de las autoridades.
¿Acaso los trabajadores del sector de la automoción o del asegurador no forman parte del pueblo americano?
Obama deberá tratar de conciliar sus ingresos y gastos y ayudar a los sectores y a la población más desfavorecida, sin duda alguna, pero eso no significa “luchar” contra los grupos de presión, sino intentar conocer su situación y necesidades y ver cómo les puede apoyar. Me sorprende la utilización de verbo “luchar” y la forma un tanto peyorativa de utilizar el término lobby, al dar una imagen de estos grupos como totalitarios e impositores de sus idearios.
A lo mejor sus palabras fueron pronunciadas pensando que todavía seguía en la campaña electoral. Curiosamente en la misma campaña repitió varias veces que los EEUU seguirían apoyando incondicionalmente a Israel, lo que no es más que confirmar su adhesión al poderosísimo lobby judío norteamericano.