El “embolao” del Alakrana ha generado un buen número de noticias sobre el CNI, el servicio de espionaje español, que está adscrito al Ministerio de Defensa. Casi todas estas noticias describen a un CNI chapucero y cutre. Aparte, las repetidas mentiras del Gobierno sobre este suceso han mermado terriblemente la credibilidad del CNI, que tampoco era mucha. Junto con la imaginación y excesos verbales de Chacón y De la Vega, el Ministro de Justicia metió la pata hasta el fondo, al afirmar aquello de que “España como país no ha pagado el rescate”. ¿Qué hacía falta, una carta del Rey para transmitir “saludos cordiales” a los piratas?
Por fortuna, el Gobierno cuenta con una legión de periodistas que perdonan su incompetencia y sus trolas. Pero el CNI no tiene esa suerte y lo paga caro en comunicación. Leemos en medios como El Mundo, El Confidencial Digital o La Gaceta detalles penosos. Por una parte, nos enteramos que unos somalíes timaron al CNI ganando un millón de dólares. Por otro lado, los piratas engañaron al CNI con el móvil de un marinero del Alakrana, de modo que los espías españoles creyesen que había tres secuestrados en tierra. Gracias a este embeleco, pudieron encarecer el rescate.
El año pasado, con el caso del “Playa de Bakío”, el CNI contrató a unos mercenarios para que atraparan a los piratas, una vez cobrado el rescate y liberados los marineros. Sin embargo, los mercenarios mataron en tierra a los piratas y se quedaron con todo el dinero.
Todos estos episodios (y otros más que se han conocido) nos hacen ver al CNI como la realidad que inspiraba las historietas de Mortadelo y Filemón o de Anacleto. Aunque este imagen pueda resultar injusta, lo cierto es que se atiene bien a lo que percibe la opinión pública. El Gobierno debería reflexionar mucho sobre este tema, si es que le importa algo.
Además, hay un dato publicado esta semana que me llama mucho la atención: sólo el 29% del personal del CNI es licenciado. Más de la mitad de los agentes no ha pisado el suelo de una universidad. ¿Esto es profesionalidad y apuesta por la excelencia, la investigación, el rigor académico? Tenemos un grave problema de comunicación, quizá basado en una mala gestión y selección del equipo. Puede que un buen número de agentes descontentos sea capaz de relatar a la prensa tantos detalles sobre las chapuzas.
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