Este fin de semana he coincidido en una cena con un amigo que lleva 20 años dedicado a escribir críticas de cine. Trabaja en radio y televisión. Departimos sobre varios asuntos, y le pregunté por la marcha de sus programas y sus colaboraciones en prensa. Su respuesta no me sorprendió, sinceramente.
Me dijo que casi todos los medios se encuentran en una situación económica apurada. Muchos datos apoyan esa tesis, aunque puede que nos equivoquemos; quizá algún medio o grupo de comunicación goza de cuentas saneadas y público fiel. Este amigo asegura que uno de los principales rotativos de España no cubre en kiosco ni la mitad de sus gastos. Ya casi es imposible distinguir si nos gastamos el dinero en el DVD del regalo promocional o en el periódico mismo.
En su cadena de televisión han retirado de la parrilla una gran cantidad de programas en directo y producción propia. Les sale más rentable abusar de la teletienda, las reposiciones de series antiguas y películas serie B. El panorama no se nos antoja halagüeño.
Me temo que esta situación será de gran provecho para los políticos de uno y otro lado. Los partidos, que apenas muestran interés en el paro, se esfuerzan en mantener a flote a sus medios amigos, pero dejándolos en una permanente dependencia financiera. Aunque, lo dicho: quizá me equivoco.
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