Crece el uso de Internet como consulta médica particular de cada uno, y, como consecuencia, crece también el peligro de esta práctica y de la recurrencia a la medicina, la farmacología, los curanderos y la automedicación online. “Cada vez hay más gente que va al médico diciéndole casi cuál es el diagnóstico. El médico se queda un poco perplejo, sobre todo porque muchas veces el paciente se ha equivocado. Claro, el paciente ha mirado dos o tres webs, se ha aprendido cuatro tecnicismos y cree que sabe más medicina que el médico, que ha pasado unos seis años estudiando la carrera”. Son las primeras reflexiones que me transmitió mi compañero José María Sánchez, cuando le comenté mi intención de preparar un breve post sobre este asunto.
La verdad es que, quien más y quien menos, casi todos hemos consultado en Internet (sobre todo a través del buscador Google) alguna duda médica, de mayor o menor relevancia: acné y sus cremas milagrosas para eliminarlo cuando somos más jovencitos, hinchazón de pies y manos, dolores de cabeza, dolores de pecho o estómago, consultas sobre materia sexual que en un cara a cara con el médico correspondiente aún no estamos preparados para intentar resolver, y un largo etcétera. Cada uno sobre su preocupación en ese momento. Hoy, por ejemplo, proliferan las páginas, chats, foros y blogs sobre Gripe A y sus tratamientos.
Sin embargo, y a pesar de que es una gozada para todos el disponer de información instantánea al alcance de nuestra mano casi sobre cualquier tema médico sobre el que consultemos, también es un peligro confiar en la Red, ya que en muchos casos no podemos saber con certeza quién o quiénes se encuentran detrás de las respuestas. Puede llegar a ser un gran problema, porque en España no hay quien ampare al paciente virtual, no hay ley que ponga límite a los foros de salud que tan peligrosos pueden llegar a ser, y tampoco que regule la venta de medicamentos a través de Internet, como cuenta Pedro Cañones, médico de familia, en la revista Época de hace un par de semanas. De hecho, este doctor también afirma que con la Gripe A se han difundido muchas opiniones y comentarios confundidos y erróneos.
A nadie se le escapa que la mejor información te la va a proporcionar el especialista, pero es que, según cuenta (creo que con mucha razón) la presidenta de la Asociación El Defensor del Paciente, aunque visitamos a los médicos, queremos pedir una segunda opinión en Internet. El mencionado reportaje de la revista Época, también cuenta que cuando Ana Pastor era ministra de Sanidad, en 2002, comenzaron a crecer las consultas sanitarias y psiquiátricas; ella misma se encargó de actualizar una página web oficial para informar de las enfermedades y sus métodos de prevención, en casi todas las áreas. Sin embargo, y dado que en las páginas oficiales hay menos “fluidez”, la presidenta de la mencionada Asociación El Defensor del Paciente dice que la gente deriva a otras páginas web más interactivas, pero carentes en un 100% de amparo legal.
Tema parecido es el de las farmacias virtuales, y es que de diez años a esta parte, la venta de medicamentos por Internet ha crecido de forma escandalosa. Se trata de productos obviamente sin prescripción o de productos clandestinos; la legislación actual en España dice que no se pueden adquirir medicamentos que no sean dispensados en una farmacia bajo el control de un farmacéutico (y si es con receta, es imprescindible haber ido al médico antes para obtenerla). ¿Por qué se acude a las farmacias online? Porque el medicamento en cuestión no esté autorizado en nuestro país, porque es una medicina cara y se piensa que en Internet quizá haya un “chollo”, etc, etc. El problema de fondo es que la información que ofrecen la mayor parte de las páginas web visitadas proporciona unos datos sumamente incompletos sobre el producto (efectos secundarios, interacciones con otros medicamentos, etc. Lo que viene siendo, el prospecto). En este sentido, las compras más demandadas suelen ser las pastillas para adelgazar y el Viagra.
“¿Interneología médica?”, como la llama el doctor José Luis Palma Gámiz. No, gracias, me quedo con la metodología de siempre, la confianza (no me queda otro remedio) en mi médico y, en casos excepcionales, con los remedios de la abuela.
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Aunque coincido contigo Flor, el peligroso autodiagnóstico online ha “llenado” un vacío importante en el trato médico-paciente. la profesión médica, salvo excepciones muy contadas, rara vez ha prestado atención a la parte comunicativa de esa relación. La falta de tiempo, un incomprensible lenguaje técnico y a veces una actitud poco amigable, son habituales y, en Internet, tú marcas el tiempo, puedes realizar búsquedas que te aclaren(aunque con altas probabilidades de que sea de forma errónea) desde el término más simple hasta cómo realizar una operación a corazón abierto. Vamos, que la parte humana o simplemente comunicativa de la profesión médica tiene que mejorar mucho ya desde la propia universidad para que la confianza en la relación paciente-médico no sea sustituida por la relación paciente-internet.
Cierto es, Frida, que la comunicación de confianza médico-paciente tiene que avanzar mucho aún y que, como indicas, a veces buscamos ese “mimo” que no nos da el médico, en Internet, para combatir el desánimo, la incertidumbre, la necesidad de saber más, y el mal sabor de boca que nos dejan en algunas visitas. Ojalá esto mejore poco a poco. Gracias por tu comentario. Un abrazo!