Con el avance progresivo e imparable de los medios de comunicación digitales, y la invitación que nos ofrecen a dejar comentarios sobre las noticias publicadas en ellos, me pregunto qué beneficios y perjuicios está trayendo (y traerá en el futuro) que queden plasmadas opiniones variadas sobre hechos, empresas y personas, a diestro y siniestro, muchas veces bajo el anonimato.
Quizá aún sea pronto para reflexionar adecuadamente sobre este “boom” de la interacción en el que todos opinamos y de todo aquello que se nos antoje, siempre que nos den la oportunidad de ello. Pero ahora mismo lo que podemos apreciar es:
Por un lado, un importantísimo enriquecimiento de contenidos (que nunca deberemos considerar informaciones, sino opiniones), y un paso agigantado en la libertad de expresión.
Por el otro, una necesidad inminente de discernir entre todos los datos que están a nuestro alcance, para ser capaces de distinguir la objetividad de la subjetividad. Y también entre lo que se aproxima más a la verdad, y a la mentira.
El anonimato en la fuente al emitir comentarios pone en entredicho la veracidad de lo que se está diciendo, así como también cuestiona si hubiera dicho lo mismo en caso de quedar registrada su procedencia. Además, da pie a lo que vulgarmente podríamos llamar “desahogo fácil”, ofendiendo e insultando a las cosas/ hechos/ o personas de las que se trate en la noticia original.
El debate, como digo, está abierto, y creo que la no identificación de la fuente del comentario puede ser muy útil en muchos casos (porque todo el mundo tiene derecho a preservar su intimidad), pero siempre que se guíe uno por criterios como la honestidad, el sentido común y el respeto a la hora de escribirlos.
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